El otro día me subí en el autobús y, como era habitual, me puse los cascos de música para evadirme por un rato del típico agobio y estrés del que solemos ser víctimas irrenunciables los profesionales de la comunicación: muchas cosas que hacer en muy poco tiempo.
En ese afán de pensar en otras cosas estaba yo cuando, al agárrame a la barra superior del autobús, mi bolsillo del pantalón se chocó con un asiento contiguo y, como consecuencia, mi reproductor enmudeció ipso facto.
Apunte estuve de soltar de nuevo mi mano para otra vez pulsar el botón de encender que yo, sin querer, había trastocado.
En ese dilema de soltarme o no para llevar a cabo tal estrategia estaba yo cuando, de repente, me di cuenta de que había algo dentro de aquel transporte que era mucho mejor que la anticuada y repetitiva música que casi siempre suelo escuchar.
Se trataba de cuatro señoras, ya entradas en edad, que se habían sentido en los asientos habilitados para minusválidos. A estas chicas de oro tan sólo les faltaba haber habilitado una pequeña mesa con café en el centro del autobús, porque armaron una tertulia digna de una merienda de marujas.
Lo cierto es que pegué la oreja a la conversación que todas tenían, y la verdad es que me sorprendió el repaso que estas ‘chicas de oro’ estaban haciendo de España y sus problemas. Metieron mano al divorcio de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, o a lo paradigmático de que Leticia va a ser reina de España siendo una divorciada. Tampoco se salvaron de sus críticas el presidente del Gobierno y la crisis económica, y hasta alguna nostálgica mencionó que en tiempos de Franco todas estas cosas del progreso no pasaban.
Ni una tertulia con Losantos hubiese resultado más divertida.
Al final resultaba que ninguna de esas mujeres se conocía de nada, y cada una de ellas se fue bajando en una parada diferente. Y digo yo, ¿Qué tendrán los transportes públicos que nos hacen a todos entablar conversación con desconocidos? ¿Será que los españoles no podemos estarnos calladitos ni un minuto?
Sin duda, yo a partir de ahora no escucharé más música en el autobús. Se aprende mucho más observando todo cuanto acontece en el interior de este heterogéneo estrato de representación del pueblo.