No estudié periodismo para descubrir la triste realidad de nuestra patria, no, lo hice por motivos mucho más banales para algunos, pero fundamentales para otros. Cuando comencé la carrera soñaba con ser el próximo J.J. Benítez, con asistir al E3, a la Comic Con de San Diego… Pero no, los sueños, sueños son.
En su lugar me desperté en una Almería árida, inclemente y llena de politiqueos de medio pelo, con gente tan incapaz como inmisericorde, más preocupada por su propia vanidad que por el pueblo al que supuestamente representa; atenta hasta la extenuación de la coma mal puesta, del calificativo cruel.
Tal es la ralea que nos gobierna, o aspira a hacerlo, que osa ignorar cualquier hecho importante para la ciudad, para la provincia o, peor aún, utilizarlo en su beneficio como arma de confrontación contra la empresa rival, a ver si le saca los colores lo suficiente para rascar un voto o dos.
No seré yo quien defienda a nadie en El Ejido, no lo haré porque no me da la gana, tampoco seré el que los condene, porque de eso se encargará, o no, la Justicia. Pero con todo, tengo que lamentar, llorar de rabia incontenida, al ver el espectáculo al que nos han sometido los dos partidos mayoritarios.
¿Estamos a lo que estamos, o qué?
Uno se pregunta cómo es posible que haya dos fuerzas tan egocéntricas, tan colmadas de sí mismas como para creer que el mundo gira a su alrededor. Más aún, uno llega a cuestionarse como de limpias son estas víboras, cuyo veneno es el de ‘y tú más’.
‘Yo seré choricete, sí, pero tú, más’; habrán mentido sin par, pero el de enfrente, más; habrán actuado ignorantes en el tiempo, pero el otro, más; habrán dejado a su suerte a Almería, pero el otro, más; habrán postergado, retrasado, suprimido y anulado proyectos para restar méritos a su enemigo, pero el otro, más.
Y con eso, todos felices.
¿De verdad tenemos los políticos que nos merecemos? ¿De verdad la escusa es que somos nosotros los que los ponemos ahí? ¿No es menos cierto que los ponemos porque no hay otros?
Una de dos, o a político se mete sólo aquel que tiene pocos escrúpulos, o el que se mete se queda con pocos.
Por encima de las personas, dicen, en un partido político está el aparato (sea lo que quiera Dios que sea eso), arrollador, impiadoso y oscuro. La democracia se sustenta en órganos que, por mucho que se empeñen en negarlo, no lo son, en los que no se elige libremente, en los que los mejores se quedan por el camino…
Y en Almería, igual que por otros lares, según parece.
Si les soy sincero, ayer tuve ganas de levantarme en más de una ocasión, y en mitad de una de las comparecencias de estos personajes gritar, gritar de pura rabia, por frustración, poner a cada uno en su sitio, dejar que la ardiente sangre que palpitaba en mi cabeza diese vida al monstruo que todos llevamos dentro… Pero me contuve, como tendré que contenerme el resto de mi vida; como el cobarde que soy.
Porque si fuese valiente, no lo duden, en lugar de hablar de esta gente, mi columna estaría dedicada, yo que sé, al proyecto Natal de la XBOX 360, al Reinado Oscuro de Norman Osborn, a la última oleada OVNI en Galicia, o a el intercambio de fluidos entre Neandertales y Homo Sapiens.
Y en su lugar, aquí estoy, a la espera del siguiente arrebato.